<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[Thought journal]]></title><description><![CDATA[Thoughts, stories and ideas.]]></description><link>https://eduespinosa.com/</link><image><url>http://eduespinosa.com/favicon.png</url><title>Thought journal</title><link>https://eduespinosa.com/</link></image><generator>Ghost 1.17</generator><lastBuildDate>Wed, 06 May 2026 11:11:15 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://eduespinosa.com/rss/" rel="self" type="application/rss+xml"/><ttl>60</ttl><item><title><![CDATA[Un recuerdo cósmico]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>¿Quién soy yo para creer que mis pensamientos deben transcribirse eternamente en palabras escritas? ¿Por qué mis palabras merecerían la trascendencia de ser escritas? Soy un simple mortal, intentando encontrar mi camino en esta vida. No soy ninguna figura importante y aunque lo fuera, jamás sentiría justa cualquier atención que</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/un-recuerdo-cosmico/</link><guid isPermaLink="false">69d0c5e4901e1e0709b31b2d</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Sat, 04 Apr 2026 08:00:00 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>¿Quién soy yo para creer que mis pensamientos deben transcribirse eternamente en palabras escritas? ¿Por qué mis palabras merecerían la trascendencia de ser escritas? Soy un simple mortal, intentando encontrar mi camino en esta vida. No soy ninguna figura importante y aunque lo fuera, jamás sentiría justa cualquier atención que recibiera. Si existen siete mil millones de humanos en el mundo y miles de millones más han vivido y muerto durante toda nuestra existencia, ¿por qué mis pensamientos y sentimientos merecerían ser escritos? No soy una persona especial. Quizás seré una persona única; sin embargo, al final, todos lo somos. Hay tantos ingredientes en la receta de nuestra existencia que es predecible sentir que nadie en este mundo pensará, actuará o sentirá todo lo que yo. Pero eso no hace que mis palabras sean dignas de trascender. Entonces, ¿por qué sigo teniendo esta necesidad de hacerlo?</p>
<p>Quizás tengo la esperanza de que, al hacerlo, encuentre la respuesta a todos mis predicamentos. Pero sé que no será así. Todo esto es un ejercicio inútil en el que me miento a mí mismo creyendo que una idea iluminará mi presencia y le dará sentido a mi existencia. No funciona mentirme. Sé que nada en esta existencia tiene punto ni sentido. Sé que solo soy un producto de millones de eventos que colisionaron entre sí sin objetivo ni plan. Los humanos tenemos la ilusión de que el universo funciona a través de un orden predefinido que determina lo bueno y lo malo. Nos fascina la idea de sentir que existe una manera de controlar la vida misma. Se nos olvida que solamente somos parte de un universo caótico que, desde nuestra perspectiva, se siente especial. ¿Cómo no podría serlo, si somos capaces de pensar y sentir? Nos atrae la idea de que somos la única especie en este planeta capaz de ejercer control sobre él, usando nuestra razón y nuestra ilusión de orden.</p>
<p>No podríamos estar más equivocados. El orden del universo es tan estable como el de nuestros pensamientos. Por más control que intentemos ejercer sobre la vida misma, millones de factores juegan cada segundo para demostrarnos lo contrario. Solo somos visitantes en esta vida pasajera. Por más riquezas que generemos, por más poder que acumulemos, nuestra existencia no es más que la oportunidad de presenciar el milagro del caos en movimiento. Por más sólidas que encontremos las fundaciones sociales que hemos creado, ninguna de ellas logrará jamás contrarrestar el caos del universo mismo. El dinero siempre podrá perder su valor. Las instituciones siempre podrán derrumbarse. El arte siempre podrá quemarse. Por más que ignoremos la realidad, nada es para siempre. Nada vence al tiempo. Y así como quien escribe esto un día sucumbirá al universo, así lo harán todas y cada una de nuestras invenciones, creaciones e ideas. Al final, lo único que quedará será el universo mismo, hasta que decida dejar de ser.</p>
<p>Si el universo es el único que tiene el control del caos, nuestra individualidad no es más que una manera de presenciarlo, honrarlo y regalarle nuestra atención. Sin importar quién presencie cada una de nuestras aventuras, el universo es quien goza de las mismas. Quizás por eso escribo. Escribo creyendo que el universo nos mira con sus ojos místicos e inexplicables. Escribo creyendo que algo de todo esto tendrá algún sentido. Escribo honrando los millones de ingredientes que crearon mi existencia. Escribo sabiendo que si tan solo uno de ellos hubiera sido alterado, ya no sería la misma persona. Aunque no sea especial, escribo para regalarle algo a este universo que me ha visto nacer y crecer. Aunque mis palabras no merezcan trascender el tiempo, escribo para que este universo, que me verá morir, tenga una manera de saber lo agradecido que terminé con él. Porque aunque yo no habría pedido nacer ni existir, el universo me regaló la oportunidad de presenciarlo en su infinito caos. Me regaló la oportunidad de sentir, pensar y existir. Me regaló la oportunidad de experimentar el amor y la muerte, la felicidad y la depresión, el miedo y el asombro.</p>
<p>Al final del camino, no seremos más que nuestras historias que este universo presenció. No seremos más que una página más en el libro sagrado y caótico de la existencia. No seremos más que palabras plasmadas en el lienzo cósmico de la realidad. Al desaparecer, nuestra historia dejará de ser nuestra y se convertirá en recuerdos que seguirán viviendo en el caos reinante. Y si al final solo seremos un recuerdo contado por el cosmos, ¿por qué no honrarlo con la mejor historia que podamos contar?</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Un miedo rebelde]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Conforme intento respirar con tranquilidad en la sala del aeropuerto, descubro, poco a poco, la razón de mi desgracia. Simplemente no hay vuelta atrás. Por décadas tuve un mapa que me guiaba al tesoro de la realización personal sin ofrecer alternativa. Por décadas tuve la fortuna de saber cuál debería</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/un-miedo-rebelde/</link><guid isPermaLink="false">69c52d76901e1e0709b31b20</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Thu, 26 Mar 2026 13:03:23 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Conforme intento respirar con tranquilidad en la sala del aeropuerto, descubro, poco a poco, la razón de mi desgracia. Simplemente no hay vuelta atrás. Por décadas tuve un mapa que me guiaba al tesoro de la realización personal sin ofrecer alternativa. Por décadas tuve la fortuna de saber cuál debería ser mi siguiente paso. Sin que tuviera que pensarlo, la vida me llevó por un camino de pocas dificultades y retos fáciles de superar. Fue divertido ir puerta tras puerta ilusamente creyendo que eso me iba a llevar a la felicidad, al éxito y a descubrirme. Por años superé concursos de matemáticas, exámenes hechos para rompernos y proyectos que acabarían con mi paciencia. Por años sacrifiqué la vida presente por una vida que me iba a merecer después. Por años juré que estaba haciendo lo correcto. Hasta que la realidad de mi vida chocó de frente con la realidad de mi ser. Aunque debo aceptar que eso suena muchísimo más dramático de lo que en verdad fue. Al final terminó siendo la historia típica de desacuerdos entre superior y directo que termina con uno de los dos gritándole al otro de lo que se iba a morir. De nuevo debo aclarar que eso es también una exageración. Pero bueno, sin duda no hay vuelta atrás de gritarle a dos superiores en una junta grabada para después incriminar y chantajear. Sea lo que sea, la historia que ahora me toca vivir es la historia de una persona en la mitad de sus treinta sin la más remota idea de qué hacer con su vida.</p>
<p>Hasta antes de este momento, mi vida parecía ser una torre de Jenga. Para quien no lo ha jugado, es básicamente un juego en el cual se pierden amistades y relaciones con el puro hecho de escoger la pieza de madera incorrecta que pueda desbalancear todo lo que llevaba muchos minutos intentando no tirar. Y por décadas, ya sabía qué pieza quitar. Al fin y al cabo, los pasos estaban claros desde el inicio. Solo había que seguir la corriente, estudiar la carrera que me convertiría en un ser útil para la sociedad, conseguir el trabajo que todos endividarían, dedicar la vida a conseguir más y más dinero. Poco a poco fui pasando por todos los obstáculos que me detenían de llegar a esas metas. Y por años el destino estuvo claro. Llegar tan lejos como pudiera corporativamente para poder tener un buen balance entre trabajo y vida; al mismo tiempo, teniendo el deseo de un retiro temprano para poder disfrutar la vida. Por años eso parecía lo correcto. Sin embargo, poco a poco las piezas de la torre de Jenga que era mi vida comenzaron a desestabilizarse. El vacío emocional que sentía en el fondo de mi ser comenzó a crecer como una sombra eterna, de un color tenue e imperceptible. Y poco a poco las piezas que más soportaban a la torre de Jenga comenzaron a temblar, hasta que la torre entera cayó con la más ligera corriente de viento.</p>
<p>Con el riesgo de sonar como una falsa víctima con un toque extra de dramatismo de un sistema injusto, la realidad es que el camino que hasta ahora viví, por más éxito que hubiera generado, siempre se ha sentido solo. Nunca compararía mi sufrimiento con el de otras personas en la tierra; sin embargo, sí creo que el sufrimiento es universal y que el peso de cada sufrimiento individual es válido e importante. Volviendo al punto inicial por el cual escribo esto, ahora mismo me encuentro en la encrucijada más grande de mi vida. Por primera vez me encuentro perdido en la vida, con una brújula apuntando lejos de mi destino, pero con la comodidad de sobrevivir un tiempo antes de tener que comprometerme con algún cambio importante en mi vida. Y nunca antes en mi existencia había sentido un miedo tan terrorífico. Estoy navegando un pequeño bote de madera en la mitad del océano, sin idea de la dirección de mi camino. Podría seguir utilizando más y más metáforas, pero ni soy bueno en ellas ni representan apropiadamente el sentimiento de terror que vivo en estos momentos.</p>
<p>Y claro que siento culpa de sentir este miedo. Al fin y al cabo, el siguiente paso debe estar claro y fácil de seguir. Solo tengo que buscar otro trabajo corporativo, con el riesgo de tener que volver a vender mi alma. Lo que queda de ella.</p>
<p>¿Sin embargo, es eso lo que realmente quiero?</p>
<p>Por años busqué una oportunidad de un nuevo inicio. Durante años, mis historias favoritas han sido acerca de personajes que se redimen a lo largo del tiempo tras encontrar su verdadera identidad y su motivo de ser. Por años pedí una oportunidad y una señal de qué hacer para encontrar mi redención. Y por años intenté buscar una respuesta que estaba frente a mí todo este tiempo. Solo debía quemar esta vida. Porque solamente después del infierno iba a poder resucitar con el alma motivada de encontrarse a sí misma. Se lo grandiosamente falso que todo esto suena. Antes de escribirlo, mi cabeza me recordó lo ridículo que soy por pensar todo esto. Renacer como ave fénix. Es posiblemente uno de los clichés más repetidos a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, siendo brutalmente honesto, así se siente esta parte de mi camino. Solo cuando todo está hecho cenizas pude encontrar la motivación de renacer. O quizás sea algo que me digo a mí mismo para gozar de cierta paz en la tempestad que habito actualmente.</p>
<p>Conforme crezco, me doy más y más cuenta de que una de las razones por las que el arte nos hace capaces de sentir es porque nos permite vivir más allá de nuestra zona de confort. El arte es capaz de regalarnos la ilusión de haber asesinado a un dragón cuando ni siquiera se estaba cerca de uno. Nos regala la ilusión de que un día, la justicia llegará. Nos regala la ilusión de que los finales son felices cuando el camino es temible. La realidad no podría ser más distinta. En el mundo real, los conceptos de justicia y balance son imaginarios y subjetivos. No existe ningún juicio realmente objetivo en esta vida pintada de tonalidades grisáceas. Cualquier historia que se quiera usar para justificar una moralidad individual no es más que una historia creada en nuestra imaginación que justifica nuestras creencias y acciones. No le quita validez a nuestra individualidad; sin embargo, para mí, verlo desde ese lente ayuda a explicar un poco la era de división en la que nos encontramos. Verlo desde ese lente asimismo ayuda a entender la raíz de mi ridículo predicamento. La historia que por más de treinta años me creí fue que iba a ser feliz siguiendo las instrucciones y el libreto que se me regaló al vivir mi vida.</p>
<p>Millones de factores participaron en la receta que creó a este ser humano que escribe esto sabiendo que probablemente quedará olvidado en algún folder de una computadora que en diez años dejará de funcionar. Factores sociales, evolutivos, históricos y hasta cósmicos, pues este texto no existiría si algo hubiera ido mal durante los millones de años que el universo conspiró para crear mi existencia. Con mi existencia vinieron ciertas creencias básicas que adquirí a lo largo de mis primeros años de vida. Mi receta vino con algunas inseguridades de más, algunos miedos sin procesar, pero con el constante recordatorio de que mi vida estaba preparada para algo especial. De por sí, si tantos millones de factores se unieron para hacerme, mi existencia debía ser especial. Y aunque eso es objetivamente cierto dada la complejidad de la creación de la vida misma, la realidad es que mi existencia es tan especial como la de otros siete billones de personas.</p>
<p>Desde mi infancia quise luchar contra la realidad de que era tan especial como el resto del universo. Siempre quise ser &quot;más&quot; especial. Siempre quise ser &quot;el elegido&quot;. La persona que recupera el balance. Es obvio que crecí con historias como Star Wars y El señor de los anillos. Lo más curioso de todas estas historias mentales que me convencieron de esa falsa ilusión es que todas iniciaron como lo hace mi aventura actual. Con una explosión emocional que rompe con el estatus quo de mi historia y me muestra que la respuesta siempre estuvo disponible para mí, pero no estaba listo para entenderla. La respuesta siempre estuvo en romper con el manual de instrucciones que venía preinstalado en el disco duro de mi cerebro. Ese manual que siempre me convenció de que la vida me iba a traer la justicia y la felicidad que tanto buscaba. Ese manual que prometía paz y serenidad en un universo forjado en caos y revolución. Ese manual que me hizo creer especial en un mundo con siete billones de personas especiales que eran conscientes de su realidad.</p>
<p>Con el paso de los años me fui dando cuenta de que no había nada especial en mi camino comparado con el del resto de los humanos que habitan este planeta. Las circunstancias que fueron parte de mi nacimiento y crecimiento fueron factores más relevantes en mi camino que mis decisiones que trataban de darle sentido a una vida sin sentido. No soy el único. Todos los habitamos este mundo tenemos miedos e inseguridades, y vamos por la vida tomando las decisiones que creemos que justifican nuestra manera de vivir, haciéndola la correcta. Vamos por la vida sintiendo que el mundo gira a nuestro alrededor, porque al final, para la mente, el mundo sí gira alrededor de ella. Nuestra mente vive en el mundo de las ideas etéreas y fabricadas. Siempre seremos protagonistas y víctimas en nuestra vida si dependiera solamente de nuestra mente, ya que para ella, la vida inicia y muere con ella misma. Sin embargo, la vida existía antes de que nuestra mente naciera y seguirá existiendo después de que nuestra mente muera. Todos somos conscientes de eso. Vamos por la vida evitándolo; sin embargo, esa es la única verdad absoluta en este mundo de incógnitas y misterios. Un día nuestra mente dejará de crear pensamientos. Y la vida seguirá.</p>
<p>¿Cuál es el punto de ver esta vida tan seriamente como nuestro instructivo nos lo dice?<br>
¿Cuál es el punto de vivir ansiosamente atado a ideas de las que nuestras circunstancias son responsables?</p>
<p>Al final, yo no creé en mí la necesidad de ser una persona productiva y exitosa económicamente. Yo no elegí estar aterrado de la autoridad y con una ciega creencia de que el orden impuesto por humanos es un orden estable y balanceado. Yo no quise sentirme estancado por diez años en una situación que parecía la correcta, pero que estaba alimentándose poco a poco de mi ser. Yo no quise estar ahí tanto tiempo y sin embargo lo estuve. Lo estuve porque siempre tuve miedo de realmente enfrentarme al caótico universo que existe cuando se deja de seguir el manual de instrucciones. Por más de treinta años decidí tomar decisiones por las convicciones mentales que tenía, creadas gracias al entorno en el que me tocó existir. El manual de instrucciones vino con un rol asignado para este ser humano. Y siempre y cuando el rol cumpliera con sus obligaciones, mi mente estaba convencida de que la seguridad sería eterna. Sin embargo, no contaba con que la seguridad solo sería eterna mientras no me alejara de las reglas universales que se esperan de cada ser humano en el contexto actual. Se debe estar sumiso e impotente ante el sistema. Se debe aceptar cualquier trato que venga de la autoridad. Se debe querer ser parte del sistema mismo.</p>
<p>Hoy navego un mundo en el que esas expectativas sociales desaparecieron junto con el trabajo en el que sobreviví por diez años. Por diez años fui parte del sistema que ha empobrecido a tantas personas y creado tanta desigualdad. Y por más dinero y posesiones que haya recolectado, siempre existió en mí una necesidad rebelde de renacer. Una necesidad rebelde de romper con el mapa que tenía. Una necesidad innata de ser el protagonista de mi historia y no solo un personaje secundario, intentando sobrevivir a base de café y estrés. Hoy quiero adueñarme de mi vida, por primera vez en una década.</p>
<p>Hoy se cumple un mes desde que me despidieron injustamente de un trabajo por el que di la mayor parte de mi. Y la razón por la cual estoy aterrado actualmente no es por la falta de trabajo o por la necesidad económica de tener más posesiones. Es porque ese miedo rebelde que he tenido por tantos años hoy arde como una llamarada llena de ganas de liberación. Arde como un incendio del que no habrá escape. Arde porque está quemando mi existencia entera para que una nueva realidad renazca de las cenizas. Este rol debía quemarse enteramente para regalarme la oportunidad de rebelarme por una vida que honre la historia que me tocó vivir. Y si mi historia termina de contarse en el momento en el que mi mente produzca su último pensamiento, ¿por qué no hacer de esta una buena historia que contar?</p>
<p>Quizás el miedo rebelde que siento está acompañado de mis sueños infantiles de la especialidad de una vida común. Quizás es solamente el universo tomando decisiones caóticas por el puro placer de expresarse. Quizás es la señal que necesitaba para por fin entender que se debe luchar por la vida que se quiere. O quizás es solamente mi mente tratando de entender un universo inentendible. Pero al final, una vida con miedo rebelde suena a una mejor historia que una vida gris de solamente seguir instrucciones.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El peso de un dinosaurio: depresión, éxito y búsqueda de sentido]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><pre><code>“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” 
- Augusto Monterroso
</code></pre>
<p>La brevedad de este microcuento de Monterroso captura perfectamente el peso de la tristeza que vive en mi mente. No importa cuánto tiempo pase ni cómo cambien las circunstancias; siempre hay una sombra, una bestia que puede despertar en cualquier</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/el-peso-de-un-dinosaurio-depresion-exito-y-busqueda-de-sentido/</link><guid isPermaLink="false">6775a5c7901e1e0709b31b0e</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Wed, 01 Jan 2025 21:29:13 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><pre><code>“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” 
- Augusto Monterroso
</code></pre>
<p>La brevedad de este microcuento de Monterroso captura perfectamente el peso de la tristeza que vive en mi mente. No importa cuánto tiempo pase ni cómo cambien las circunstancias; siempre hay una sombra, una bestia que puede despertar en cualquier momento y devorarme desde dentro. Ese dinosaurio, es el recordatorio constante de una tristeza que nunca desaparece del todo. Una presencia tan intimidante como devastadora, que me hace enfrentar la posibilidad de que quizá esta lucha me acompañe por el resto de mi vida.</p>
<p>Aun así, no tengo otra opción más que pelear. Luchar por mi alma, por mi mente, por mi ser. Porque, aunque el dinosaurio siga ahí, creo que existe valor en resistir y buscar la paz, incluso si parece inalcanzable.</p>
<p>El 24 de diciembre de 2023, después de años negándome a enfrentar mi realidad, decidí tomar antidepresivos con la esperanza de que, quizá, un día todo mejorara como por arte de magia. Al fin y al cabo, la depresión apareció de esa forma: sin previo aviso. No sé exactamente cuándo ni cómo llegó. Mi infancia fue estable, mis necesidades estuvieron cubiertas, y fui un estudiante exitoso. Mi ego me obliga a admitirlo: fui inteligente, capaz de superar obstáculos y alcanzar metas ambiciosas.</p>
<p>Recuerdo cómo, en primero de secundaria, después de fracasar en llegar a la Olimpiada Estatal de Matemáticas, adopté una nueva filosofía de vida: Tener sueños tan grandes como el Everest para que sin importar que tanto me alejara de ellos, siguiera viéndolos a la distancia, guiándome en mi camino. Esa mentalidad me llevó a algunos de los momentos más exitosos de mi vida: competí en una olimpiada nacional de matemáticas, brillé en debates estatales (ganando incluso el premio al mejor debatiente), obtuve becas de excelencia para preparatoria y univerdidad y, eventualmente, un trabajo en el extranjero. Pensé que había conquistado mi Everest. Pero pronto descubrí que estaba equivocado.</p>
<p>No puedo precisar el momento exacto en que la tristeza se instaló en mi vida. Quizá fue cuando mis logros dejaron de ser suficientes, o cuando comprendí que conquistar mi Everest no me traería la felicidad que buscaba. O tal vez fue al darme cuenta de que, pese a todo lo positivo, seguía sintiéndome inadecuado. Tal vez fue una combinación de todo eso.</p>
<p>El Everest que me propuse conquistar fue moldeado por las expectativas de mi infancia. Lo que realmente buscaba era escuchar a mis padres decir que estaban orgullosos de mí. Y cuando finalmente lo hicieron, descubrí algo más devastador: <strong>yo no lo estaba.</strong></p>
<p>Intenté llenar ese vacío de muchas formas. Compré consolas de videojuegos, juguetes de colección, ropa cara. Probé el alcohol y la marihuana. Nada funcionó. La tristeza seguía ahí, creciendo como un dinosaurio bebé que preferí ignorar. Pero, como era de esperarse, creció hasta convertirse en una criatura imponente que devoraba cada rincón de mi paz interior.</p>
<p>Hoy, primero de enero de 2025, me encuentro en una situación peculiarmente triste. Mi cuenta bancaria crece tan rápido como mi sensación de vacío personal. Mi resentimiento hacia mi pasado y las decisiones que tomé me consume, recordándome que viví siguiendo un guión que otros escribieron para mí. Me convencí de que una vida productiva económicamente me haría feliz. Spoiler: no fue así.</p>
<p>A pesar de todo, no me rindo. No puedo. Es como si al darme cuenta de que mi Everest era una ilusión, se desplomó para abrir camino a un nuevo Everest, más intimidante, más difícil de conquistar. Este es mi Everest ahora: enfrentar la tristeza, el coraje, el resentimiento y encontrar mi propia razón para vivir. No tengo una respuesta, ni instrucciones, ni brújula para este camino.</p>
<p>Solo sé que hoy, al despertar a un año y una semana de haber comenzado a tomar antidepresivos, el dinosaurio de la tristeza todavía estaba allí. Y por delante de mi se encuentra el Everest más grande que he encontrado en mi vida: El Everest de encontrar mi razón de ser. El Everest de encontrar mi sentido de vida.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Una sonrisa llena de tristeza]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Mientras veo esta pantalla en blanco me doy cuenta de que en un lugar de mi mente existe mucho dolor que no he podido comprender ni he podido asimilar. Y pensándolo fríamente, la realidad es qué me siento como un ridículo dejando que todo ese dolor de mi pasado siga</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/the-boy-with-the-broken-smile/</link><guid isPermaLink="false">66d77fea901e1e0709b31b08</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Wed, 04 Sep 2024 01:30:08 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Mientras veo esta pantalla en blanco me doy cuenta de que en un lugar de mi mente existe mucho dolor que no he podido comprender ni he podido asimilar. Y pensándolo fríamente, la realidad es qué me siento como un ridículo dejando que todo ese dolor de mi pasado siga latente en mis reacciones y sentimientos. Pero sinceramente lo hace. Sinceramente existe dolor y tristeza en la mente que sigo intentando dejar ir. Sin embargo suena hasta idiota dejar que ese dolor siga. Nunca me faltó nada en mi hogar, al contrario, tuve más de lo que merecía. ¿Cómo es posible que haya crecido con traumas? ¿Cómo es posible que tenga problemas de un pasado tan tranquilo como lo tuve? ¿Genuinamente es un dolor lo suficientemente &quot;interesante&quot; como para seguir pensándolo?</p>
<p>Y todas esas respuestas se vuelven insignificantes pues la verdad es que no importa si las cosas deberían o no deberían ser. La realidad es que las cosas son. Y en mi caso, no importa que tanto me intente convencer de que &quot;ese dolor no debería existir&quot; porque existe y me marcó de formas que apenas estoy empezando a comprender. Y con este texto sé que el dolor no va a desaparecer. Sé que el dolor va a seguir ahí. Pero supongo que la parte más racional de mi mente siente que escribirlo ayudará a no dejar que me siga afectando y poder dar el primer paso a no ver a ese dolor como yo. Aunque sinceramente a veces dudo que podré salir de esto. Al fin y al cabo, el cerebro aprende de sus experiencias pasadas. Y mi cerebro lleva más de 25 años funcionando en base a todas esas situaciones de mi niñez y adolescencia. Y lo más curioso es que genuinamente son cicatrices tan pendejas que ni entiendo como sigo teniendo.</p>
<p>Me resulta curioso como en este texto en el que estoy intentando explicar mis sentimientos, siento la necesidad de justificar los mismos. Siento la necesidad de decir &quot;perdón por mi dolor, se que es una pendejada y no entiendo por que me duele&quot;. Siempre he sentido la necesidad de pedir perdón por las cosas que hago por sentimientos. Perdón por la tristeza, perdón por el enojo, perdón por llorar.</p>
<p>Perdón por no ser suficiente.</p>
<p>Todo se resume a eso. Durante toda la vida me enseñé a mi mismo que nunca era suficiente para ser querido. Fue muy sencillo llegar a esa conclusión. Fue tan sencillo que llegué en la primaria. Si fuera suficiente nunca me habrían escondido mis libretas. Nunca me habrían roto las calculadoras. Nunca me habrían dejado plantado en planes &quot;porque querían ver si caía en la broma&quot;. Nunca le habrían pedido a sus padres que no me invitaran a sus fiestas porque no me querían ver ahí. Nunca habría perdido a tantas amistades tan constantemente.</p>
<p>Y la realidad es que es completamente estúpido y ridículo que un adulto de 31 años se queje de no haber tenido amigos en la primaria. Es completamente estúpido y sin justificación. Pero la realidad es que ciertas cosas de mi infancia siguen doliendo. Como la lista de 33 apodos que me pusieron en la secundaria porque querían hacer la competencia de ver a quien se le habían ocurrido la mayor cantidad de apodos para Eduardo. Todavía recuerdo como robé la lista llorando, les pedí que me dejaran en paz, fui al baño a tirar la hoja y al regresar ya habían empezado la lista de nuevo. 33 apodos. Y a todos esos cabrones solo los conocía de un año. Y aún después de llorar enfrente de todos, nadie me pidió perdón. Nadie me defendió. Nadie tomo mi bando.</p>
<p>Si hubiera sido un caso aislado así, quizá habría podido lidiar con eso y solamente entender que era un grupo de personas inmaduras luchando por la atención y popularidad de otras personas igual de inmaduras. Sin embargo, cuando pasa en cinco diferentes escuelas, con muchos grupos de personas la rutina y la costumbre se incrustan en la mente. Y la rutina se vuelve personal. Y la rutina se vuelve propia. Y aunque ahora no tengo personas que me recuerden lo poco suficiente que soy, aquí estoy yo para hacer la chamba de los otros bullys.</p>
<p>Aún recuerdo el primer apodo que me pusieron de niño. Dumbo. Hoy a mis 31 años puedo decir que nunca he podido ver esa película. Simplemente nunca pude y aunque usaba la excusa de &quot;es una película para niños&quot;, la realidad es que nunca la vi porque dolía. Y si soy honesto, no tengo ni la intención ni las ganas de verla. Sé que en algún lugar de este pobre corazón sigue latente esa cicatriz. Dumbo. Y lo peor es que tener orejas grandes les dio permiso a todos los demás en la clase de poder usarlo de burla.</p>
<p>Aún recuerdo cuando en cuarto de primaria ningún amigo quiso ir a mi fiesta de cumpleaños y los únicos invitados fueron hijos de amigos de mis padres. Nadie estaba ahí porque realmente quisiera. Estaban ahí porque estaban obligados.</p>
<p>Aún recuerdo cuando en quinto de primaria mis recreos se ocupaban en leer libros porque nadie más quería pasa tiempo conmigo. Y aún recuerdo como mi libro favorito fue el Conde de Montecristo, en el que el protagonista gasta toda su vida planeando su venganza de las personas que en su pasado lo habían lastimado. Y no puedo negar cuando digo que fantaseaba con esa realidad en la que al final yo me vengara de todos ellos.</p>
<p>Aún recuerdo cuando en sexto de primaria mis recreos me los pasaba en el laboratorio de computación jugando un juego de Jimmy Neutron. Finalmente en un videojuego una persona que hubiera sido bulleada en la vida real no era bulleada ahí. Otra fantasía más a la lista.</p>
<p>Aún recuerdo cuando en secundaria mis &quot;amigos&quot; me elegían para estar en sus proyectos escolares para que yo trabajara en ellos mientras ellos veían los últimos episodios de Dragon Ball Z y Supercampeones.</p>
<p>Y yo era como un abejita buscando flores pero buscando cariño emocional amistoso fuera de casa. Buscaba a alguien que me quisiera no por deber quererme sino porque me quería como era. Mis padres y mi hermana obviamente me iban a querer. No tenían de otra. Sin embargo, ¿Por qué nadie más lo hacía? ¿Por qué todos los demas fuera de casa me hacían sentir que yo no valía la pena? Y me convencí a mi mismo de que era verdad. Y en vez de ver mi valor como persona, empecé a ver mi valor como robot. Me dediqué a aprender, a leer, a saber de historia, a sacar buenas calificaciones, a hacer felices a mis padres. Y en eso se convirtió mi vida. Si nadie más fuera de casa me iba a querer, no podía perder también a mis padres. Y me convertí en el hijo modelo. Seguía las instrucciones de ellos porque al final ellos son los únicos que me querían, porque iba a seguir instrucciones de alguien más.</p>
<p>Y todo eso culminó en secundaria cuando fui reconocido en la ceremonia final por ser la persona más over achiever. Olimpiada de matemáticas, modelo de naciones unidas, mejores promedios, beca de excelencia. Y todavía recuerdo cuando mi único sentimiento no era felicidad y orgullo propio. Era enojo hacia mis compañeros. Mi sentimiento natural fue decir &quot;les voy a demostrar que yo voy a vivir una mejor vida y con más dinero y éxito que ellos&quot;. Fue coraje después de tantos años de ser bulleado, de no ser defendido, de no sentirme querido.</p>
<p>De no ser suficiente para gozar con el cariño de una persona que no tuviera la obligación de quererme.</p>
<p>Me refugié en una historia personal en la que una persona aislada de la sociedad encontraba un brazalete que le daba superpoderes y después de eso creaba un equipo de superhéroes en donde lo querían y eran sus amigos y lo salvaban cuando estaba en problemas. Porque al final, ese niño solo quería eso. Un lugar seguro en donde alguien decidiera quererlo al menos un poquito. Solo un poquito pedía.</p>
<p>Y al final eso era lo que hacía. Vivir fantasías. Fantasías de un mundo mejor donde la gente me iba a querer por el simple hecho de ser yo. Fantasías que me llevaron a vivir en el engaño de que podía ignorar mis sentimientos porque al final a nadie más le importaban. Si lloraba en la escuela a nadie le importaba. Y trataba de pretender que todo estaba bien en casa porque no quería ser el débil que involucraba a sus papás cuando recibía tratos de bullys. Me entrené a mi mismo a entender que mis sentimientos estaban mal y que debía pedir disculpas por ellos. Y me entrené a mi mismo para entender que las personas apestaban y que buscar amistades era el primer paso para ser lastimado y sentir que no era suficiente. Y de todos modos no importaba. Yo no importaba.</p>
<p>Y tristemente eso se ha reenforzado desde ese entonces han pasado muchas ocasiones en donde personas que yo consideraba cercanas terminan lastimándome, alejándome, recordándome que no soy suficiente para que quieran seguir en mi vida. Recordándome que no soy suficiente. Recordándome que mis sentimientos no importaban. Recordándome que si escondía mis sentimientos al menos así ellos creían que no me lastimaban. Me hacía sentir que ganaba una batalla. Aunque 31 años después me di cuenta de que perdí la guerra. Ellos ganaron. Ellos lograron hacerme creer que yo no valgo la pena y que nunca lo valí. Que la gente solo me iba a querer si aparentaba felicidad y que solo tenía sentimientos positivos. Y me convertí en ese actor que esconde su dolor en chistes. Ellos ganaron.</p>
<p>Y ahora, años después, me tocó llorar (para variar) frente a mi terapeuta al darme cuenta de que la razón principal por la que tengo tantos sentimientos de coraje contra mi mismo es porque ellos ganaron. Desarollé un desmadre que se llama Anxious attachment disorder o una cosa similar en la que me cuesta crear lazos afectivos sinceros y reales porque mi cerebro piensa por experiencias anteriores voy a terminar lastimado. Me alejo de la gente conscientemente, dejo de contestarles mensajes, busco excusas para no verlos o simplemente dejo de buscarlos porque sé que de todos modos me van a lastimar. ¿Cuál es el punto de intentar si al final la historia siempre va a terminar igual, conmigo creyendome menos? Siempre ha pasado. ¿Por qué dejaría de pasar?</p>
<p>Y todos esos sentimientos combinados con haber sido el hijo modelo que nunca se rebeló terminó creando a una persona sin control de su vida. Cuando descubrí que la vida que escogí para complacer a mis padres no me hacía feliz intenté ganar control sobre la misma. Sin embargo es difícil querer darle el control a este niño herido y lastimado que nunca se va a sentir suficiente tal y como es. El evitar sentimientos, no tomarlos en serio y convencerme de que no importaban no desapareció a los bullys, solamente mi mente se convirtió en mi propio bully. Y ahora que intento decidir no tener la vida que complacería a mis padres, mi propio bully me dice que no vale la pena, que no valgo la pena y que de nada sirve todo este esfuerzo cuando al final y al cabo eso no hará que me sienta mejor conmigo mismo.</p>
<p>En retrospectiva existen pocos logros o acontecimientos en mi vida que pude disfrutar sin tener que pensar &quot;a huevo, les demostré&quot;. Porque siempre existió en mi el dolor de no ser suficiente y que al menos consiguiendo cosas en la vida lo iba a ser. Quizá así iba a tener su respeto. Quizá así iba a tener amigos. Hoy puedo decir que no sirvió de nada. Sigo igual que roto que cuando era un niño inseguro sin amigos y creyéndose infinitamente inferior. La realidad es que si soy sincero conmigo mismo, ese sentimiento nunca se fue por más que lo ignoraba.</p>
<p>Hoy puedo decir con completa confianza que ese agujero emocional causado por toda esa insuficiencia sigue ahí. Sigo sintiéndome insuficiente. Sigo sintiendo que es mejor no encariñarme con amistades porque al final se van a ir. Sigo evitando conexiones humanas porque no las merezco. Sigo pidiendo disculpas por mis sentimientos. Sigo haciéndole caso a esas voces que me juzgaban, criticaban y maltrataban. La única diferencia es que ahora escucho esas voces constantemente adentro de mi cabeza.</p>
<p>Y genuinamente si siento que es una pendejada que me esté quejando de todo esto. Existen problemas reales en el mundo. Existe gente realmente sufriendo. Y yo vengo aquí a quejarme de que de niño me bullearon. A todos los bullean. A todos los lastiman. No soy especial por haber tenido esta situación. No es la gran cosa. Solo soy un humano más intentando sentir menos dolor en el día a día. Sin embargo, hoy me doy cuenta de al intentar tomar las riendas de mi vida, le di las riendas a una más de las entidades de esta vida que más me han lastimado: Yo.</p>
<p>Al final, los bullys ganaron.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Fear or Love.]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><blockquote>
<p>Every moment of your life you are offered the opportunity to choose. Fear or love.</p>
<p>Fear says &quot;I want to make you safe&quot;. Love says &quot;you're safe&quot;.<br>
Fear says &quot;give me something I can rely on&quot;. Love says &quot;only give me this moment&</p></blockquote></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/love-or-fear/</link><guid isPermaLink="false">5f8b1dbced443b071ee0c12b</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Sat, 17 Oct 2020 16:37:40 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><blockquote>
<p>Every moment of your life you are offered the opportunity to choose. Fear or love.</p>
<p>Fear says &quot;I want to make you safe&quot;. Love says &quot;you're safe&quot;.<br>
Fear says &quot;give me something I can rely on&quot;. Love says &quot;only give me this moment&quot;.<br>
Fear will walk you through a narrow path promising to take you where you want to go. Love says &quot;open you arms, come fly with me&quot;.</p>
<p>Why would fear want to oppose truth? Because truth has the power to transform fear. Fear believes it's fighting for its life.</p>
<p>Ask yourself if it's not true that without worry you would have arrived exactly where you are now and more pleasently. Worry and fear are not tickets for a train, they are extra baggage. You're going that way anyway.<br>
Rules give an illusion of safety, structure comforts fear.<br>
Fear says &quot;put me in a house with a roof and a thousand locks on my door and I'll believe I'm safe for a moment&quot;. Love puts you under the open sky, where possibilities are infinite and contrary to Chicken Little's expectations, sky doesn't hurt.</p>
<p>There are no guarantees from the viewpoint of fear. None are strong enough. From the viewpoint of love, none are necessary.</p>
</blockquote>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Fragilidad]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Amigo,</p>
<p>La vida es frágil.<br>
Se rompe tan fácil como la porcelana y se acaba tan rápido como el atardecer.<br>
Es tan efímera como una canción y tan fugaz como una estrella.<br>
Fluye cual río colina abajo y vuela cual ave migratoria.<br>
Y tú, querido amigo, lo supiste más que</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/fragilidad/</link><guid isPermaLink="false">5f5cf0cced443b071ee0c128</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Sat, 12 Sep 2020 16:35:18 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Amigo,</p>
<p>La vida es frágil.<br>
Se rompe tan fácil como la porcelana y se acaba tan rápido como el atardecer.<br>
Es tan efímera como una canción y tan fugaz como una estrella.<br>
Fluye cual río colina abajo y vuela cual ave migratoria.<br>
Y tú, querido amigo, lo supiste más que todos.<br>
Y VIVISTE</p>
<p>Lloro por tu partida, pero sonrío por coincidir.<br>
Lloro por la despedida, pero sonrío porque mostraste cómo vivir.<br>
Lloro porque es el final, pero sonrío por todas las canciones que cantaste y bailaste.<br>
Lloro porque le harás falta a esta existencia. Sonrío porque conocí tu esencia.</p>
<p>Qué las estrellas te cuiden.</p>
<p>Siempre serás extrañado.<br>
Nunca serás olvidado.</p>
<p>Don't you cry for the lost.<br>
Smile for the living.<br>
<a href="https://www.youtube.com/watch?time_continue=4&amp;v=rEFT_kE9KWw">https://www.youtube.com/watch?time_continue=4&amp;v=rEFT_kE9KWw</a></p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Una dulce rima]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>No sé escribir poemas,<br>
Apenas y sé hablar.<br>
Pero espero que disfrutes<br>
Este dulce intento por rimar</p>
<p>Si algo sabemos qué es cierto<br>
es que artista yo no soy.<br>
Cuento solo con un talento,<br>
Buscar rimas sin aflicción.</p>
<p>De música yo sé un carajo.<br>
De poesía quizás dos.<br>
Escribir me</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/una-dulce-rima/</link><guid isPermaLink="false">5f31d157ed443b071ee0c11f</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Tue, 11 Aug 2020 00:17:02 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>No sé escribir poemas,<br>
Apenas y sé hablar.<br>
Pero espero que disfrutes<br>
Este dulce intento por rimar</p>
<p>Si algo sabemos qué es cierto<br>
es que artista yo no soy.<br>
Cuento solo con un talento,<br>
Buscar rimas sin aflicción.</p>
<p>De música yo sé un carajo.<br>
De poesía quizás dos.<br>
Escribir me cuesta trabajo<br>
Y ni me sé el círculo de Sol.</p>
<p>Diría que pintar me gusta<br>
pero de colores no sé nada<br>
Para mi, naranja va con fucsia<br>
Yo lo sé, qué pendejada.</p>
<p>Me salgo de las líneas al colorear,<br>
Piso a la gente cuando quiero bailar<br>
La vida se aterra al verme cantar<br>
Y aún así sé que te puedo enamorar.</p>
<p>Todo esto son rimas tontas<br>
Pues sin talento no queda de otra<br>
Más que buscar de manera pronta<br>
versos que te manden a la lona</p>
<p>No sé nada de la vida,<br>
como ya lo puedes notar<br>
pero sé que sin medida<br>
yo te puedo conquistar.</p>
<p>En el cine soy mamador,<br>
En la música no tanto<br>
Ponme un buen reggaeton<br>
y te perreo hasta abajo.</p>
<p>Ya sé que la última estrofa<br>
No tiene nadita de sentido<br>
Pero pues prometo bailarte<br>
Cómo tú siempre has querido.</p>
<p>Cómo lo puedes ver ahora,<br>
El arte no es lo mío<br>
Mis rimas dan más pena<br>
Qué un pollito haciendo pío</p>
<p>Todas estas rimas tontas<br>
Me hacen ver super apendejado<br>
Pero qué puedo hacer yo,<br>
Cuando me tienes tan enamorado</p>
<p>De música yo sé un carajo.<br>
De poesía quizás dos.<br>
Escribir me cuesta trabajo.<br>
Y cantar solo lo hago con vos.</p>
<p>El arte nunca se me dio,<br>
Hasta de poetuitear me olvido<br>
Bailar es mi perdición<br>
Pero amarte es mi delirio.</p>
<p>Disculpa por favor el mal poema<br>
Yo solo soy la víctima de la situación<br>
Cómo puedo ignorar este tema<br>
Si ya eres mi dulce perdición.</p>
<p>Instante a instante caigo más<br>
En este hoyo sin fondo<br>
Qué me tiene cada vez más en paz<br>
Sin importar todo el meollo</p>
<p>Ya para terminar,<br>
te tengo un mensajito<br>
Te amo sin parar.<br>
Gracias por este viajecito.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Presencia Brutalmente Genuina]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Toda mi vida he sido un esclavo de las ansiedades del futuro y de las heridas del pasado. Completamente natural gracias al estilo de vida que vivimos. Nacemos con expectativas puestas sobre nosotros, expectativas que no sabemos si conseguiremos, lo que genera una ansiedad sobrehumana desde nuestros primeros años de</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/el-presente/</link><guid isPermaLink="false">5f19ec2eed443b071ee0c118</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Thu, 23 Jul 2020 22:29:39 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Toda mi vida he sido un esclavo de las ansiedades del futuro y de las heridas del pasado. Completamente natural gracias al estilo de vida que vivimos. Nacemos con expectativas puestas sobre nosotros, expectativas que no sabemos si conseguiremos, lo que genera una ansiedad sobrehumana desde nuestros primeros años de vida. Y conforme caemos en hoyos de depresión y fracaso, nuestras heridas profundas tardan en sanar, si es que lo hacen, y cargamos inconscientemente con todas y cada una de ellas, lo que genera una depresión sobrehumana desde nuestras primeras caídas. Durante esta cuarentena, sin embargo, he llegado a la conclusión de que la mejor forma de vivir la vida es viviendo el presente y nada más.</p>
<p>Partiendo de que el pasado solamente son recuerdos y el futuro son ideas hipotéticas en la mente, realmente la única &quot;cosa&quot; real, tangible y apreciable es el momento actual, el momento presente. Nunca habrá un momento igual que este. O que este. O que este otro. No existe absolutamente nada más. Puede haber metas por conseguir y experiencias del pasado, pero todo está en la mente del que está leyendo esto.  Esto le ha dado un pequeño cambio a la perspectiva que tengo de la vida. Aunque todavía no lo logro completamente, me gustaría llegar a un punto en el qué el pasado realmente solo sean enseñanzas y la incertidumbre del futuro no me aterre. Quiero vivir mi presente. No ver al pasado como &quot;ciencia exacta de las cosas que volverán a pasar&quot; ni al futuro como &quot;algo que puedo predecir&quot;. Pero vivir en el presente sigue siendo algo que aprendo cada día a hacer porque cada día es un nuevo presente. Y es ahí dónde hasta mi filosofía de cómo vivir mi vida se ha visto impactada.</p>
<p>Es como ir en un pequeño velero en la mitad de un oceano interminable. Quizás las estrellas puedan ayudar a orientarte sobre los puntos geográficos y las islas que hay alrededor. Sin embargo, escribir sobre piedra el destino que tomarás puede ser contraproducente. De no llegar a la isla propuesta, la depresión puede surgir. De llegar, puede no ser suficiente. No se trata de no definir destinos. Es más bien, definir destinos algo ligeros y abiertos a cambios. Es aprender a tomar decisiones con cierta ligereza. Estoy hablando de una toma de decisiones desde el momento presente de las olas, el mar, el viento y las estrellas. Es más fácil mover a un velero unos cuantos metros a la derecha con ayuda del viento y la marea que llegar a una isla paradísiaca en contramarea en dos años. Es por eso, que desde mi trinchera, veo productivo aprender a observar el momento actual y decidir partiendo de todos los factores alrededor hacia dónde ir. Aprender a escuchar más al presente, y partiendo de ahí, decidir a dónde ir en el futuro, siempre instante a instante.</p>
<p>Y ahí es donde entra una de las reglas que he comenzado a adoptar. Regalarle al universo en su momento actual, mi presencia brutalmente genuina. Aprender a estar en silencio y escuchar. Escuchar a los pájaros cantar en una mañana ajetreada. Sentir el calor del sol aún en los días nublados. Sentir el pasto mojado mientras hay niños jugando y gritando en el parque. Escuchar el silencio entre las palabras durante las conversaciones virtuales. Notar los estragos de la soledad en plena cuarentena. Nunca existirá un momento cómo el actual. Las historias nisiquiera se cuentan del mismo modo dos veces seguidas. Y regalarle la total atención y presencia al universo es lo más que puedes ofrecerle. Y la única forma en la que en mi opinión se puede llegar a este punto, es aprender a estar en silencio mental absoluto. Estamos acostumbradísimos a pensar y a juzgar. Quizás de vez en cuando sería interesante callar y escuchar, aún en los días en los que el barullo de la vida no nos deja poner atención.</p>
<p>Y si regalarle al universo la presencia brutalmente genuina es lo mejor que se puede hacer, regalarle a alguien más lo mismo es igual de importante. Algo menos sería deshonesto. Algo más sería imposible. En el momento en el que dos o más personas se encuentran en el mismo lugar, al mismo tiempo y de una forma genuina, nada más importa. Cuando algo así existe, un lugar en común es creado, en el que los juicios se desnudan y las inseguridades salen huyendo. En ese pequeño e irreconocible lugar en el universo nace una aceptación incondicional del momento presente. Cuando una persona se encuentra en completa aceptación, regresa a la seguridad del hogar, en la que se siente a salvo. Y a ese lugar, yo le llamo amor.</p>
<p><img src="https://eduespinosa.com/content/images/2020/07/ram-dass-quotes-on-relationships.jpg" alt=""></p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Amor fati]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Desde qué era joven crecí aterrorizado de la tristeza y del dolor. Sentía que eran síntomas de un problema de esta existencia humana. Crecí huyendo de ellos y ahuyentándolos cuanto podía, incluso evitándolos. Los corazones rotos los pasaba evitando sentir hasta que un día cualquier dolor fuera nulo. Los duelos</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/amor-fati-2/</link><guid isPermaLink="false">5ee6e703ed443b071ee0c114</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Mon, 15 Jun 2020 04:33:15 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Desde qué era joven crecí aterrorizado de la tristeza y del dolor. Sentía que eran síntomas de un problema de esta existencia humana. Crecí huyendo de ellos y ahuyentándolos cuanto podía, incluso evitándolos. Los corazones rotos los pasaba evitando sentir hasta que un día cualquier dolor fuera nulo. Los duelos los viví en silencio y distracción. El dolor lo ignoré como si fuera lo peor que nos pudiera pasar.</p>
<p>Sin echar culpas, siento que esto fue consecuencia de un adoctrinamiento natural y orgánico por el que todos pasamos. Es algo con lo que me acomodé y a lo qué me acostumbré. Vivo en un mundo de taboos y uno de los más grandes tiene que ver con el dolor y sufrimiento. Y así vivía, con miedo de tener un corazón roto, con miedo de enfrentar el dolor de aceptar el sufrimiento de gran parte del mundo, con miedo de enfrentar la muerte de mis seres queridos y el sufrimiento del mismo.</p>
<p>La situación con esto, es que dejé que el miedo por sentir dolor me controlara. El miedo existe incrustado en nuestro ser para protegernos de lo que pueda dañar nuestra integridad física. Nos ayuda a sobrevivir y a huir de situaciones de peligro inminente. Sin embargo, el miedo por sentir dolor, realmente me aísla del mundo, me hace vivir una existencia incompleta e ignoramentemente feliz.</p>
<p>Y en el intento de escapar de la tristeza, cuando llegó, hace unos años gracias a una serie de eventos desafortunados, controló completamente mi ser y se convirtió en lo único a la vista. Y una depresión de unos años terminó llevándome al punto de más odio hacia mi vida. Aislamiento, tristeza y alcohol eran parte de todos mis días. Y en verdad, me sentía cómodo con esa situación. Se sentía bien recibir la atención extra de familias y amigos por verme tan desolado. Los prejuicios personales se convirtieron en voces ruidosas que decidían cada uno de mis movimientos.</p>
<p>Y un día, de la nada, me di cuenta que aún pasando por todos estos momentos, había una parte de mi consciente y observando la situación. Una de todas las voces en mi mente era neutral, tranquila, risueña, interesada y observadora. No hacía ruido, solo observaba y reía. Sin juicios ni valores mentales, solo observaba. Y me di cuenta de qué esa pequeña voz siempre estaba ahí, intacta, sin impresionarse de lo difícil o fuerte o feliz que fueran las situaciones. Solamente observaba atentamente, sin juicios mientras se reía de lo metido qué estaba en el drama de mi vida. Mi primer reacción al darme cuenta de esta voz fue descalificarla y mandarla lejos. Pero sin importar lo difícil que fuera el momento o completamente inaguantable que fuera el dolor, esa voz seguía ahí. Todas las voces ruidosas se callaban de vez en cuando, la voz de la superioridad moral, la voz de la visión rosa de la vida, la voz de la visión oscura de la vida. Todas las voces se callaban dependiendo de la situación, menos esa pequeña y molesta voz que solo observaba y se reía de mi dramatismo.</p>
<p>Y pues esa voz molesta nunca desaparecía. Sin importar si la situación era hermosa o terrible, esa voz ahí seguía. Nunca la pude destruir. Y terminé rindiéndome ante el hecho de tener esa voz molesta y silenciosa. Y rendirme fue la mejor decisión qué pude tomar. Con el tiempo aprendí a escuchar más a esa voz, que transformaba los &quot;ese wey tiene algo personal en tu contra&quot; por &quot;oh, wow, ese wey hizo algo y ahora ahí vas a tomartelo personal XD&quot;. Empezó a transformar los &quot;ugh, estoy solo&quot; por &quot;wow, estoy solo... ahora ¿qué pasará en esta telenovela?&quot;. Empezó a transformar los &quot;estoy deprimido&quot; por &quot;wow, una depresión... ¿Cómo saldré de esta?&quot;.</p>
<p>La mejor forma que he encontrado para explicar esa molesta voz es una analogía muy sencilla. Es cómo si me pusiera a ver una telenovela, llena de dramas exagerados e increíbles. Sé qué todos los problemas se van a solucionar de alguna forma. Y si no se solucionan, realmente no importa. Al final, todo sale como sale y ya está. Me meto en los problemas de los protagonistas, me río de lo ridículas de sus situaciones y después, simplemente sigo con mi vida. Así era esa voz. Se reía de mis situaciones diciendo cosas como &quot;wey, todavía estamos metidos en el drama de que a tu jefe le caes mal?&quot; y yo me enojaba y le decía &quot;chingada madre, es mi vida de la que hablas, deja de reírte.&quot; y se reía un poco más. Y después resultaba que mi jefe me promovía y esa voz llegaba a chingar de nuevo. Y así era nuestra relación. Odiaba esa voz. Hasta qué entendí una pequeña cosa.</p>
<p>Había vivido muchos dramas en mi vida qué en retrospectiva eran completamente ridículos y chistosos. Algunos se solucionaron para bien. Otros para mal. Y aún así, la vida seguía. La única diferencia entre esto y los dramas por los que estaba pasando era que ahorita solamente esa pinche voz molesta era la única capaz de reírse de mis dramas en curso. Obviamente el dolor y la felicidad y la tristeza seguían ahí. Pero esa voz las tomaba con ligereza y con perspectiva. Me decía &quot;wey, pues estás aquí, ahora. Disfrútalo y ríete de la vida. ¿Qué más da? Al final, pasará lo que pase, y aquí seguiré yo, dispuesto a seguir chingando.&quot;</p>
<p>Poco a poco he aprendido a vivir con esa voz. Le di más relevancia. La empecé a usar de perspectiva. Y cómo por arte de magia, la vida empezó a cambiar. No porque el desenlace de los dramas cambiara o porque toda la tristeza se fuera, sino porque ahora comenzaba a ir más ligeramente en la vida. Comencé a vivir con una regla. Siempre preguntarme &quot;¿Qué importa si esto sale mal?&quot; Y la respuesta comenzó a ser siempre &quot;pues sale mal y lidias con eso después, no es momento de preocuparte&quot;.  Y eso no significa que tome decisiones pendejas sin pensar. Simplemente ahora aprendo, día a día, a tomar decisiones libre de prejuicios y ataduras, viendo mi vida como si fuera una telenovela, sin engancharme pero apasionado por lo que estoy viviendo sin importar si el juicio sea que es bueno o malo.</p>
<p>Al final y al cabo, no quiero vivir una vida feliz y sin drama. Quiero vivir una vida libre y completa. Es cómo si esa voz silenciosa y risueña tuviera un helado interminable qué es mi vida. A veces el sabor del helado es feliz, a veces triste, a veces deprimente, a veces orgásmico. Y poco a poco me he desnudado de mis miedos y prejuicios. Poco a poco me he deshecho de las ideas que tenía incrustadas de mi mismo. Y sobretodo, poco a poco he aprendido a aceptar intensamente cualquier sabor de helado que la vida traiga en el momento, tal cómo es. Esa aceptación ha ido evolucionando poco a poco a los fundamentos de un amor incondicional por la vida, qué me ha hecho darme cuenta de que nunca me ha faltado nada, todo lo que he creído que me faltaba, siempre estuvo dentro de mi. Obviamente no puedo decir qué ya tengo la vida controlada y que ya acepto incondicionalmente cualquier cosa qué venga en el camino, pero por algo debía de comenzar, y en este caso fue una voz molesta, silenciosa y sin prejuicios.</p>
<p>Quiero cerrar con el hecho de que también con esa aceptación incondicional, viene una aceptación de que en esta vida, el sufrimiento es común en otras personas. Pero con el paso de esta aventura, me he dado cuenta que la mejor forma de encontrar las soluciones para esos problemas es eliminando todos nuestros juicios y barreras mentales, dándole lugar a esa voz observadora que no emite juicios morales sobre lo qué sucede. En mi opinión, solamente aprendiendo a escuchar a esa voz silenciosa que acepta y ama a todos por igual, podremos aprender a lidiar con los problemas que dividen, lastiman y hieren a las demás personas.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Ilusiones]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>El alcohol, la cuarentena y las protestas en México y EUA me han hecho darme cuenta de que vivimos una realidad fingida, una vida frágil y una existencia llena de ilusiones, causadas por nuestra percepción y entrenamiento colectivo. No escribo esto como juicio moral o sentimiento revolucionario, sino como un</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/ilusiones/</link><guid isPermaLink="false">5ee56400ed443b071ee0c10d</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Sun, 14 Jun 2020 01:09:13 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>El alcohol, la cuarentena y las protestas en México y EUA me han hecho darme cuenta de que vivimos una realidad fingida, una vida frágil y una existencia llena de ilusiones, causadas por nuestra percepción y entrenamiento colectivo. No escribo esto como juicio moral o sentimiento revolucionario, sino como un momento de claridad mental que me ha dado más paz que nunca en la vida. Esta solamente es una oda a la hermosa y caótica vida en la que tenemos el doloroso placer de existir.</p>
<p>Quizás el primer sentimiento ante &quot;la vida está llena de ilusiones&quot; sea uno reaccionario, ocasionado por el entrenamiento del que todos nos graduamos, en el que los cinco sentidos con los que contamos son lo único que nos da valor y percepción. Sin embargo, realmente no vivimos solamente con la percepción de esos sentidos. Vivimos una ilusión colectiva que nos ata y encarcela en una sociedad entrenada y feliz.</p>
<p>Vivimos con la ilusión de qué nuestro color de piel determina nuestro valor, cuando al final todos somos nosotros extraños seres viviendo en una roca en la mitad del universo. ¿Qué más da el color de nuestro uniforme o traje espacial que usamos en esta piedra?</p>
<p>Vivimos con la ilusión de qué los órganos sexuales con los que viene este extraño traje espacial determinan las cosas a las que podemos aspirar. A pesar de que este traje ha evolucionado por muchos años, todavía vivimos instancias ilusionarias en las que el tipo de órgano sexual con el que nuestro traje vino limita lo qué podemos hacer.</p>
<p>Vivimos con la ilusión de qué tener el coche más veloz, la casa más grande o la consola de videojuegos más nueva son logros a los que debemos aspirar en vez de juguetes con los que jugar. Una vez que la supervivencia está asegurada con techo, comida y agua, ¿qué valor tiene lo demás, además de recreación?</p>
<p>Vivimos con la ilusión de qué tener más dinero (ilusión para darnos valor comercial) guardado en bancos (instituciones ilusionarias para darnos seguridad económica) o invertido en empresas (instituciones ilusionarias para fomentar progreso y desarrollo) nos da valor, aún sabiendo e ignorando la cantidad de personas en trajes espaciales con discapacidades o sin su supervivencia, hogar, o comida aseguradas.</p>
<p>Vivimos con la ilusión de qué el pasado determina quiénes somos y de que el futuro es algo que nos debe preocupar. Al final, realmente solamente existe el presente, el pasado solo son recuerdos y el futuro solo son ideas potenciales vagas y falsas. En este momento, la única versión de mi que existe es la que está terminando de escribir esta oración. Y ya dejó de existir. ¿Para qué preocuparse por algo que todavía no es más que una ilusión?</p>
<p>Vivimos con la ilusión de que el lugar de origen en donde nació este traje espacial determina su identidad y valores cuando al final el origen de todos y cada uno de los trajes espaciales en este plano existencial es exactamente el mismo. Todos los trajes fueron construidos con los mismos materiales y todos vienen con el mismo potencial de crear y amar, ¿qué más da su lugar de nacimiento?</p>
<p>Vivimos con la ilusión de qué el reconocimiento de estar haciendo una buena vida es más importante que hacer una buena vida. Diariamente vemos personas en redes sociales peleando por &quot;likes&quot; y &quot;retweets&quot; en su búsqueda de reconocimiento moral, muchos olvidándose de que es más importante hacer cosas buenas que ser reconocido por hacer cosas buenas. Diariamente vemos publicaciones que buscan validación externa cómo si fuera lo más importante en el mundo.</p>
<p>Vivimos con la ilusión de qué si una persona o grupo no piensa exactamente como uno, entonces obstruyen la mejora del mundo en el qué vivimos. Diariamente vemos a políticos, líderes religiosos y personas en redes sociales perpetuando las diferentes divisiones sociales, raciales y económicas; olvidando diariamente sustituir al miedo y odio por empatía y compasión por todos alrededor.</p>
<p>Y esto me lleva a la más grande ilusión con la que todos y cada uno de nosotros, sin importar su color de traje, habilidades o sentimientos, cree. La ilusión de separación. Todo, absolutamente todo proviene del mismo lugar. La computadora en la que escribo, la ropa que uso, la comida que ingiero, el árbol que me da sombra, las personas a las que amo, las personas a las que no amo, el mundo en el que vivo. Todo son ramas y hojas del árbol del misterio de la existencia en la que vivimos. Todo lo que alguna vez existió, todo lo que existe y todo lo que existirá proviene de la misma mística, fascinante e inexplicable raíz. Y aún así crecemos y nos entrenamos muy bien en olvidarlo.</p>
<blockquote>
<p>Guru Pathik : The greatest illusion of this world is the illusion of separation. Things you think are separate and different are actually one and the same.<br>
Aang : Like the four nations.<br>
Guru Pathik : Yes. We are all one people, but we live as if divided.</p>
</blockquote>
<p>Jamás diría que todas estas ilusiones estén &quot;mal&quot; en el sentido moral de la palabra. Al fin y al cabo esto ha llevado a estos seres vivos a la luna, a partir al átomo y a tener procesos médicos que han extendido su vida enormemente. La existencia de estas ilusiones ha ayudado a trascender a miles de personas. Les ha dado hogar, trabajo digno y felicidad a miles más. Sin embargo, han causado tanto placer como sufrimiento. Han creado violencia por color de uniforme espacial, por creencias, por órganos sexuales, por lugar de nacimiento y por muchas más divisiones ilusionarias. Han perpetuado divisiones sociales y económicas. Han causado genocidios, matanzas masivas y pobreza continental extrema. Han desencadenado actos de brutalidad policiaca, pandemias mundiales, adicciones y sufrimiento extremo. Han violentado la piedra universal en la qué vivimos, desbalanceando su clima y temperatura.</p>
<p>No está &quot;mal&quot; vivir cómodamente atado a estas ilusiones que a muchos les da seguridad y felicidad. Siempre habrá razones para amar estas ilusiones tatuadas en nuestro ser. Siempre habrá razones para odiarlas también. Sin embargo, como sociedad, debemos empezar a concientizar lo mucho que estas ilusiones nos han dividido, lastimado y encarcelado en celdas de prejuicios y lamentos. Si queremos realmente acabar con el racismo, la división económica, social y racial, y finalmente darle una vida digna a todos y cada uno de los seres que nazcan de un traje espacial en esta roca, debemos empezar a darnos cuenta de las consecuencias de vivir bajo estas ilusiones.</p>
<ul>
<li>El color de nuestro traje espacial no determina nuestro valor.</li>
<li>Los órganos sexuales con los que cuenta nuestro traje (sin importar si venían de fábrica o si se los adaptaron) no determinan las cosas a las que podemos aspirar.</li>
<li>Una vez que la supervivencia esté asegurada, cualquier otra cosa más solamente es recreación, no necesidad.</li>
<li>Tener más dinero ilusionario no ayuda para nada a la distribución mundial de riqueza que mantiene a muchas personas viviendo de centavos.</li>
<li>El pasado, aunque sea una ilusión nos debe enseñar. El presente es el único momento en el que podemos hacer algo. El futuro solamente es una idea, pero todos podemos elegir si tiene potencial de ser bueno o malo para nuestros prójimos.</li>
<li>Nuestra nacionalidad o lugar de origen no importa, si al final aprendemos a vivir como UN pueblo.</li>
<li>Ayudar a mejorar las divisiones y ser feliz tiene más valor que el reconocimiento externo.</li>
<li>La empatía y compasión tienen más peso que el miedo y el odio hacia los demás.</li>
<li>Todas las instancias existentes son manifestaciones que vienen de la misma raíz del árbol del misterio más hermoso del mundo.</li>
</ul>
<p>Todo lo que mantiene a esta sociedad encarcelada a ideas, prejuicios y miedos son ilusiones que se toman como realidad. Y el primer paso para liberarla es darnos cuenta de nuestros actos qué las perpetúan. Mi impresión es que si alguna vez queremos ser libres todos, las construcciones sociales que fomentan estas ilusiones deberían desmoronarse. De otra forma, siempre habrá razones para pelear, siempre habrá razones para creerse mejor que los demás, siempre habrá razones para que nuestro ego nos importe más que la libertad y felicidad de todos.</p>
<p>Y pues... Mientras haya personas aprovechándose de lo grabadas que están estas ilusiones, tristemente, no veo el día en el qué nos demos cuenta de lo mucho que vale ser colectivamente libre de las mismas.</p>
<p>Pero pues, por algo deberíamos de empezar ¯\_(ツ)_/¯</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Qué más da?]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Querido dueño,</p>
<p>Yo sé que la cobardía es fácil de fomentar. Excusas y pavores siempre surgirán. Sin embargo espero que un día te dejes de victimizar. Pues el miedo suena fácil, mas inútil de verdad. Las heridas del pasado te prometo que  sanarás. Y es más, te prometo que un</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/que-mas-da/</link><guid isPermaLink="false">5ee1da19ed443b071ee0c0ff</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Tue, 02 Jun 2020 09:17:00 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Querido dueño,</p>
<p>Yo sé que la cobardía es fácil de fomentar. Excusas y pavores siempre surgirán. Sin embargo espero que un día te dejes de victimizar. Pues el miedo suena fácil, mas inútil de verdad. Las heridas del pasado te prometo que  sanarás. Y es más, te prometo que un día, tú volverás a amar.</p>
<p>Me da tristeza ver lo mucho que te rehúsas a aprender. Queriendo hacer excusas para una mentira pretender. Sé que piensas que a la misma vida podrás convencer. De algo qué todos sabemos ni tú te puedes creer. Sé que piensas que de esto, tú puedes escapar. Pero te juro que el destino siempre otros planes tendrá. Así que deja de intentarlo, al final ¿qué mas da? El dolor y sufrimiento siempre servirán. Y te prometo que el amor, por supuesto lo valdrá.</p>
<p>El día que te abras de nuevo, ni tus excusas servirán. Todo eso que dijiste simplemente se resbalará. Porque un corazón vivo jamás mentirá. En la muerte y en el amor, la verdad siempre saldrá. Sé que temes mucho todo lo que pasará. Siempre qué abriste la puerta, te abandonaron sin piedad. Pero ¿realmente esperas cerrarte así sin más? Si nadie más entra, ¿que sentido esto tendrá?</p>
<p>Tu tiempo tomarás para sanar y recuperar. Sin embargo no esperes que esto no te vuelva a pasar. Y pues al final sabemos, lo mucho que te gustará. Esos besos y abrazos tu placer siempre aumentarán. Y por más que mentir quieras, un día te cansarás. Para que fingir qué este dilema no solucionarás. Si todos ya sabemos qué de nuevo te enamorarás. Sé paciente y sereno, pues forzar la vida no se te da.</p>
<p>Te prometo que un día, todo este desmadre parará. Quizás duela también, pero al final ¿qué mas da? El amor incondicional un día te encontrará. Y por más que busques esconderte, nadie te protegerá. Tú y yo sabemos lo inevitable, qué todo esto será. Tu amor por el amor, es algo que no te dejará. Yo sé que da miedo, adentrarte de verdad. A un destino ciego qué te puede lastimar. Pero si no amas de nuevo, ¿la vida en verdad valdrá? Pues tú y yo sabemos que amar si qué se te da.</p>
<p>Así que deja ya, el miedo irracional. A un destino qué es claro y no podrás evitar. Amor incondicional es algo que siempre buscarás. Y ¿qué sentido tiene la vida, sin intentar encontrarlo de verdad? Así que ama sin miedo, que las heridas siempre cicatrizarán. Pero el amor vivido por siempre trascenderá. Así que ama incondicionalmente, pues aunque duela ¿qué mas da? Te prometo que lo vivido nunca te dejará. Sabes que no miento, somos tal para cual. Yo lato por tus sueños y tú me amas con claridad. Pues somos un latido del amor qué podemos dar. Así que late fuerte pues la vida está para amar.</p>
<p>Solo así escaparemos de este vacío terrenal. Te lo dice honestamente, alguien que no te dejará. Al final estamos juntos por más que lo quieras evitar. Tu amor por esta vida yo controlo sin cesar. Y lo único que pido a cambio es que ames sin parar. Ama hoy y para siempre pues al final, ¿qué mas da?</p>
<p>Con cariño,<br>
Tu corazón, qué siempre estará dispuesto a ser lastimado de nuevo.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Un ebrio y místico discurso sobre la gran paradoja humana]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Nada me ha fascinado tanto en mis años vividos que la capacidad humana de sentir. He disfrutado de momentos dolorosos donde las lágrimas no alcanzan a limpiar el alma. He disfrutado de momentos de éxtasis fantástica donde el corazón late tan fuerte que se sale del pecho. He disfrutado de</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/la-paradoja-humana/</link><guid isPermaLink="false">5e896debed443b071ee0c0f3</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Sun, 05 Apr 2020 07:17:52 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Nada me ha fascinado tanto en mis años vividos que la capacidad humana de sentir. He disfrutado de momentos dolorosos donde las lágrimas no alcanzan a limpiar el alma. He disfrutado de momentos de éxtasis fantástica donde el corazón late tan fuerte que se sale del pecho. He disfrutado de momentos de temor que llenan mi cuerpo de una ansiedad con una intensidad inigualable. He disfrutado de momentos de depresión que me hacen cuestionar cada una de las fibras de mi ser. He disfrutado de momentos de pasión que me llenan de tanta energía como para hacerme capaz de correr maratones. Y sin embargo, nada me ha fascinado y apasionado tanto como el amor romántico.</p>
<p>El amor como concepto en mi mente ha evolucionado tan constantemente como mi personalidad. Una gran cantidad de películas y series me enseñaron que el amor era ese sentimiento de serendipitia en el que el universo une a dos personas en un vals con ritmo y sin tropiezos. Y después, me gustó por primera vez una persona. Era la situación ideal. El destino nos había puesto en el mismo salón de clases, los dos solteros y disfrutando de pasatiempos similares. Sin embargo, en cuanto supe que no sentía lo mismo por mi, supuse que mi concepto de amor estaba incorrecto. El amor debía ser algo más tangible y menos místico.</p>
<p>El amor en mi mente evolucionó a algo por lo que luchas. Algo que conquistas con flores, regalos y gestos que convierten a un &quot;no&quot; en un &quot;si&quot;. Y después, me enamoré por primera vez. Todo era perfecto. Los detalles románticos siempre estaban ahí, pero venían acompañados de una inmadurez predispuesta a discusiones sin sentido. En el papel, hicimos todo lo suficiente para amarnos por el resto de nuestra vida. En realidad, el trabajo y el esfuerzo no fue suficiente para que el universo nos regalara longevidad. La distancia puso en jaque mi concepto de amor conquistable. Si algo que se puede medir en kilómetros es capaz de destronar al amor, quizás el amor no era conquistable.</p>
<p>Si el amor no era conquistable, ni místicamente predestinado, pensé, quizás debía ser algo más cercano a lo que sientes por una amistad. Y después, perdí mi cabeza por completo por quien esos momentos robaba mis sonrisas, mis momentos y mis consejos. De por si, en muchas instancias de películas, la persona que termina siendo la correcta, es aquella de la que nunca lo pensaste, la mejor amistad. Todo fue perfecto. La transición de amistad a amor fue orgánica y fantástica. La confianza que existía fue la primera piedra de una relación que me hizo creer que el amor no era solo amistoso, sino místico y conquistable. Nosotros dos eramos capaces de conquistar ese amor por siempre. Hasta que no pudimos.</p>
<p>Esa fue la última piedra que me terminó convenciendo en que el amor no era místico, no era conquistable y tampoco estaba donde menos lo pensabas. El cinismo abundó mis decisiones y me terminó convenciendo de que el amor no era nada de lo anterior. El amor, en cambio, era una relación intelectual en la que se pretende que el amor es algo más que simple atracción, hasta que uno se convence de que existe al platicar de arte, música y literatura. Y después comencé a vivir una triste existencia que terminó causando heridas en personas que no las merecían ni deseaban. El vacío llenó mi ser hasta convencerme de que el amor nisiquiera era algo fingible. Quizás el amor nisiquiera existiera.</p>
<p>Mi cinismo entonces, encontró un nuevo hogar, el pensamiento de que el amor solamente era la necesidad evolutiva de procreación con una persona con quien se fuera capaz de hacer una familia funcionar. Y después viví la relación más larga de mi vida. Una relación llena de desconfianza y celos, distancia y pasión, dolor y falta de balance. Pero si el amor no era místico, conquistable, lo que sentías por una amistad ni una falsa presunción intelectual, entonces esto debía ser amor. Y aunque esto nunca llegó al odio, es muy probable que haya causado más heridas y lágrimas que cualquiera de mis otras definiciones.</p>
<p>Cuando la depresión y la ruptura se combinaron para terminar de destruir cualquier concepto mental y emocional que tuviera de amor, terminé por darme por vencido. El amor no era algo que yo llegaría a conocer fuera de ámbitos familiares y amistosos. Simplemente, el amor no era. Mi apariencia se depreciaba proporcionalmente con mi falta de entusiasmo al respecto. La tristeza llenaba las ojeras de mi mirada y mi melancolía se veía reflejada en un estilo de vida insalubre y demacrado. Mi soberbia e ego me hicieron comprar la idea de que si en un cuarto de mi vida no había terminado de conocer al &quot;amor&quot; nunca lo haría.</p>
<p>Mi egoísmo e individualidad me convencieron de que el amor no se encontraba en el destino, en la conquista del mismo, en la fraternidad, en el intelectualismo o en la necesidad de procrear. El concepto evolucionó hasta que me convenció de que solamente existía el amor propio. De que solamente el amor propio te ayudaría a tener relaciones sanas y de crecimiento. Comencé a juzgar todas las relaciones románticas a mi alrededor siempre llegando a la misma conclusión, la falta de amor propio en alguna de las partes. Esto se distorsionó en un sentimiento de superioridad moral en la que cualquier detalle que no disfrutara de alguien más me hacía convencerme de que esa persona no tenía amor propio. Esa distorsión en la que me encontré me dio la falsa seguridad de que la soltería era la mejor situación para mi porque nadie se quería tanto a si mismo.</p>
<p>El amor propio sin perspectiva solamente termina en falsa superioridad y egoísmo desmedido. Y fue en ese momento donde terminé sin defensa ni definición alguna. El amor no era místico. El amor no era conquistable. El amor no era atracción amistosa. El amor no era atracción intelectual. El amor no era atracción procreativa. El amor no era amor propio. Pero el amor era. El amor es. Pero, ¿qué es?</p>
<p>En el silencio y soledad de una cuarentena llena de whisky y recuerdos encontré una respuesta satisfactoria a esta adivinanza no importante y al mismo tiempo más importante que cualquier otra incógnita. Cual momento eurekático llegó con un simple juego de palabras que me convenció que el amor es la paradoja humana más y menos importante. En-amor-ado. En-amor. En amor. En amor. ¿En amor? El amor es... ¿un lugar?</p>
<p>Pero si el amor fuera un lugar, sería el lugar más relevante de nuestra existencia. Nuestro hogar. Nuestro hogar místico cuya puerta a veces son besos, abrazos o caricias. Nuestro hogar por el que nos enforzamos en encontrar sin darnos cuenta que siempre está ahí. Nuestro hogar al que dejamos entrar amistades y familia sin importar lo descuidado que esté. Nuestro hogar que intentamos entender intelectualmente pero aparece frente a nosotros solamente cuando nuestra mente calla. Nuestro hogar en el que las necesidades biológicas encuentran consuelo y razón de ser. Nuestro hogar que decoramos a nuestro antojo pero en el que la soledad se siente más debido a las ganas de querer compartirlo. Porque seamos honestos, si nuestro hogar es el lugar en el que más cómodos nos sentimos, ¿por qué no querríamos presumirlo?</p>
<p>En ese momento un torrente de preguntas acudieron a mi mente, preguntas que terminaron respondiéndose tan rápidamente como tomaba mi whisky. Simplemente, todo hizo sentido. El amor es ese lugar al que todos tenemos accesso sin saberlo. Al observar una noche estrellada. Al disfrutar del viento en la cara. Al recibir un abrazo de una persona con quien no se ha cruzado el camino en mucho tiempo. Al conseguir un logro por el que se ha luchado por años. Al correr con pies descalzos en un campo de flores. Al ver esa película que tanto nos gusta. Al escuchar aquella canción que nos recuerda nuestro hogar. Al comer ese platillo que más nos gusta. El amor es ese lugar que nunca se va, solamente se deja de compartir. El amor no se acaba, porque algo que siempre está, no podría acabarse. Lo único que sucede es que nuestra fijación con el tiempo y espacio nos confunde creyendo que ese sentimiento de plenitud nunca volverá.</p>
<p>En ese momento comprendí que cada una de mis experiencias me había llevado a este momento de realización en una progresión fantástica y surreal que me hizo creer en la misticidad del amor. Comprendí que nuestros conflictos y forcejeos en la vida son solamente para poder conquistar de nuevo ese lugar, hacerlo nuestro hogar. Comprendí que es imposible invitar a alguien a pasar sin sentir ese cariño fraterno. Comprendí que no se puede fingir intelectualmente la existencia de algo que está frente a nosotros, en cada obra artística que nos causa éxtasis. Comprendí que un atajo viable para llegar a este lugar es la intimidad física, que nos puede callar lo suficiente como para despertar de la nada con ese sentimiento. Comprendí que el amor existe, pero no existe en una situación paradógica en la que el cinismo no puede sobrevivir. Comprendí que la única forma de poder compartir ese lugar es encontrándolo primero por propia cuenta, poniéndolo en orden y después teniendo la puerta abierta para las visitas.</p>
<p>Comprendí que podemos estar en ese lugar llamado amor con besos, abrazos, películas, música, estrellas, naturaleza, éxitos, logros y personas. Comprendí que lo único que todas esas experiencias increíbles hacen es recordarnos ese lugar en el que nos sentimos en casa, pero llamamos cariñosamente amor. Y si un ebrio no encontró la respuesta correcta en medio de una cuarentena, no sé quién podría encontrarla.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Silencio]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Su vida siempre había estado llena de barullo, distracciones y desorden. Eso evitaba que pensara en su tristeza, soledad y depresión. La soledad siempre estaba ahí, pero llenaba ese sentimiento con cualquier ruido que encontraba. Su departamento desordenado, sus relaciones huecas y sus dramas infantiles llenaban su vida de un</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/silencio/</link><guid isPermaLink="false">5e2be2d0ed443b071ee0c0ec</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Sat, 25 Jan 2020 08:06:03 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Su vida siempre había estado llena de barullo, distracciones y desorden. Eso evitaba que pensara en su tristeza, soledad y depresión. La soledad siempre estaba ahí, pero llenaba ese sentimiento con cualquier ruido que encontraba. Su departamento desordenado, sus relaciones huecas y sus dramas infantiles llenaban su vida de un ruido que creía era más fuerte que su vacío silencioso.</p>
<p>Pero la vida cambia y el silencio, tarde o temprano, llega.</p>
<p>Esa última aventura amorosa y distante destrozó lo poco que le quedaba de vida. Tantas decepciones y tristezas llenaban su mente de dolor y sufrimiento. Así que reaccionó como cualquier persona que no sana por completo su corazón roto. Alborotó su mente con salidas tan vacías como las botellas en su casa. Convirtió a sus distracciones en drogas para olvidar su abandono. El cinismo y decepción abundaron sus conversaciones y relaciones.</p>
<p>La caída era en picada y sin escalas.<br>
Hasta que un día terminó de caer.<br>
Ese día se dio cuenta de que las salidas forzadas y drogas inventadas no llenaban ese espacio vacante en su ser.<br>
Se dio cuenta de que las penas ahogadas en alcohol renacían más fuertes entre resaca y resaca.<br>
Se dio cuenta de que su vida social se volvió vacía por su apatía y sinvergüenza.</p>
<p>Ese día se dio cuenta de que ya no podía vivir así. Ese día pensó en lo sencillo que sería dejar todo atrás.<br>
Pensó en todas esas decepciones y corazones rotos. Pensó en ese dolor que había tenido desde joven. Pensó en su familia, sus amistades y hasta su trabajo.</p>
<p>Y se dio cuenta de que el ruido ya no era suficiente para callar la soledad y tristeza.</p>
<p>Así que lo decidió. Cerró la puerta de su departamento, dispuesto a no abrirla de nuevo.<br>
Se sirvió una copa con el mejor vino que tenía y se sentó frente a su armario.<br>
Comenzó a llorar todas las lágrimas que se había guardado.<br>
Comenzó a gritar todos los enojos que había evitado sacar.<br>
Comenzó a desahogar todos esos sentimientos escondidos.</p>
<p>Y calló.</p>
<p>Dejó de llorar.<br>
Dejó de gritar.<br>
Dejó de desahogarse.</p>
<p>Todo este camino lo había regresado a sus orígenes silenciosos y eternos. Por primera vez en décadas se encontraba solamente con su presencia desolada y devastada.</p>
<p>El silencio era su único acompañante.<br>
Y se dio cuenta de que no necesitaba más.<br>
El silencio era el mejor acompañante en esta dura misión.</p>
<p>Por primera vez en su vida, no escuchaba juicios ni gritos. No escuchaba pensamientos propios ni ajenos. No escuchaba opiniones negativas ni positivas. No había mentiras ni traiciones. No había expectativas ni presiones. No había felicidad ni tristeza. Solamente había nada. Su persona y &quot;nada&quot;</p>
<p>No había prejuicios.<br>
No había dramas.<br>
No había dolor.</p>
<p>Había &quot;nada&quot;.</p>
<p>Pero ese &quot;nada&quot;... era suficiente.</p>
<p>Ese silencio le dio otra perspectiva a su vida.<br>
Ese &quot;nada&quot; lo hizo darse cuenta de la situación tan interesante en la que se encontraba.<br>
Sonrió.<br>
Se río.</p>
<p>Se dio cuenta de que las drogas y salidas vacías no habían servido no porque no llenaran su vacío, sino porque ese vacío nunca existió. Su vida estaba completa. No necesitaba más. No necesitaba ni la validación externa ni la euforia desmedida. Ya era suficiente. Su persona y ese &quot;nada&quot; eran suficientes para estar en paz.</p>
<p>Se dio cuenta de que esa relación tumultosa que le robó todo, en realidad no le había robado nada. El amor que sentía por esa otra persona, no se había ido con esa persona. Seguía ahí, adentro. Se dio cuenta de que solamente había compartido ese espacio con alguien que decidió irse. Pero no necesitaba una persona o relación externa para que ese espacio existiera. Su persona y ese &quot;nada&quot; eran suficientes para estar en amor.</p>
<p>Se dio cuenta de que todas esas cosas que le aquejaban y molestaban eran insignificantes en ese momento. Recordó su miedo al querer invitar a salir a alguien. Recordó su angustia por no haber terminado a tiempo un proyecto. Recordó un insulto que le dijo sin querer a una persona querida. Pero nada de eso importaba. No en ese momento. En ese momento, lo único importante era recordar. No recordar esos dramas. Recordar que era suficiente. Y en ese recordar, su tristeza y soledad se derritieron con la misma facilidad con la que las serpientes mudan de piel.</p>
<p>Se imaginó viéndose desde fuera de su cuarto. Una persona perdiendo la cabeza dándose cuenta de que por fin, por primera vez en su vida, había conocido la paz.<br>
No era una paz imaginada ni fingida. No era la típica respuesta al &quot;¿Cómo estás?&quot;. Era paz.</p>
<p>Cuando abrió los ojos de nuevo, se rió del caos en el que se encontraba. Se dio cuenta de todas las cosas que dejó de hacer por miedo y sentimiento de incompletitud.</p>
<p>Volteó a su alrededor.<br>
Decidió que el ruido ya no era necesario.<br>
Se levantó y decidió ser el dueño de su vida.<br>
Recogió su departamento, dejó atrás las relaciones vacías y perdonó los dramas infantiles.<br>
Y no volteó atrás.</p>
<p>Creyó que su situación de vida era el problema del que escapar era la solución.<br>
Y sin embargo, en el intento de escapar recuperó sus ganas de enfrentarle.<br>
Creyó que el silencio era el problema del que el ruido era la solución.<br>
Y sin embargo, en el silencio encontró la respuesta a la pregunta que siempre tuvo pero nunca pudo formular.</p>
<p>Ese día por fin se dio cuenta de qué no necesitaba más.<br>
Ese día por fin se dio cuenta de qué su vida estaba completa.<br>
Ese día por fin se dio cuenta de qué amaba y aceptaba incondicionalmente la aventura que le tocaba vivir.</p>
<p>Ese día por fin se dio cuenta de qué cada uno de sus momentos vividos eran esenciales para que su vida fuera perfecta.</p>
<p>Ese día por fin se dio cuenta de qué no quería solamente las risas y los momentos fáciles. Quería la frustración, la depresión, la felicidad, la tristeza, el enojo, la paz y la ansiedad. Quería el paquete completo, lleno de caos e incertidumbre. Quería una vida completa. Sus miedos se desvanecieron y la paz lo inundó. Quería vivir fascinado y enamorado de la vida, así cómo era. Y en ese silencio tan sepulcral y terrífico aprendió a hacerlo.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Un romance de película]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Todo comenzó como la perfecta comedia romántica. Sin esperarlo y sin buscarlo. Un amigo en común los presentó. Hicieron el acuerdo no escrito de ser platónicos. Ninguno quiso romper la amistad que ese día nació. Pero de la amistad nacieron las chispas. Y de esas chispas nació un fuego que</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/un-romance-de-pelicula/</link><guid isPermaLink="false">5d574b64ed443b071ee0c0d0</guid><category><![CDATA[pensamientos]]></category><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Sat, 17 Aug 2019 01:15:07 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Todo comenzó como la perfecta comedia romántica. Sin esperarlo y sin buscarlo. Un amigo en común los presentó. Hicieron el acuerdo no escrito de ser platónicos. Ninguno quiso romper la amistad que ese día nació. Pero de la amistad nacieron las chispas. Y de esas chispas nació un fuego que ninguno de los dos pudo apagar. Aunque ninguno lo quería aceptar, estaban ya perdidos. Juntos. Sin remedio alguno que lo evitara. Y aún así, lucharon contra su futuro. Creyeron que podrían ganar. Creyeron que podrían ignorar sus sentimientos para siempre. Hasta que no pudieron.</p>
<p>No pasó mucho tiempo para que se dieran cuenta. No pasó mucho tiempo para que se rindieran ante el inevitable final. Y en una noche lluviosa de otoño, sus miradas se cruzaron. Se vieron. Se reconocieron. Sonrieron. Él se acercó temerosamente mientras ella lloraba quedo. La besó en la comisura de los labios. En silencio comprendieron el porqué de todas esas citas sin sentido, de todos esos amores vacíos, de todas esas noches de llanto. En un instante, olvidaron todas sus dudas, todos sus miedos, todas sus inseguridades. En un segundo se olvidaron del mundo y el mundo de ellos. En un segundo aceptaron su destino. Por un eterno segundo, el universo se compuso solamente de ellos dos. Creyeron que ni la estrella más brillante podría opacar su resplandor. Creyeron que podrían expandir ese resplandor para siempre. Hasta que no pudieron.</p>
<p>Fueron los más felices. Aprender a disfrutar de esta aventura fue la mejor experiencia de sus vidas. Ningún superlativo era capaz de describir lo que sentían. La felicidad que emanaban era inigualable. Sus familias lo sabían. Sus amigos lo sabían. El mundo lo sabía. Y cuando las dudas surgieron, creyeron que iban a poder dejarlas atrás. Y cuando los miedos surgieron, creyeron que podrían enfrentarlos. Y cuando las inseguridades surgieron, creyeron que el amor que se tenían era suficiente para ignorarlas. Creyeron que podrían hacer la aventura funcionar. Hasta que no pudieron.</p>
<p>Los celos llegaron justo cuando menos los esperaban. De los celos se alimentó la desconfianza. De la desconfianza nacieron conflictos que no supieron manejar. Los conflictos abrieron heridas no sanadas que hicieron temblar los cimientos de lo que juntos construyeron. Después de muchas lágrimas echadas se dieron cuenta de que tal vez el amor no era suficiente. Se dieron cuenta de que los cimientos podían fallar. Lucharon hasta el final. Creían que podrían recuperar lo que encontraron aquella noche de otoño. Mientras el amor siguiera ahí, la esperanza no iba a morir. Y cuando la esperanza comenzó a agonizar supieron que el final estaba cerca. Y aún así, lucharon contra su futuro. Creyeron que podrían evitar el trágico desenlace. Hasta que no pudieron.</p>
<p>Con el tiempo aprendieron a esconder sus ganas de llorar. Con el tiempo, la soledad y la tristeza les dejó de aterrar.  Llegó el día en el que ambos despertaron sin ganas de llorar. Tampoco quisieron gritar de enojo. Con el tiempo aprendieron a ver las fotos del pasado sin nostalgia. Poco a poco comenzaron a olvidarse. Aprendieron que ese recuerdo, aunque pasajero, sería eterno. Llegó el día en el que sus miradas no mostraban desgaste y tristeza. Llegó el día en el que sus sonrisas eran honestas y auténticas. Ese día sonríeron. Recordaron esa noche lluviosa de otoño. Recordaron ese resplandor que los hizo sentirse vivos. Reconocieron ese viejo sentimiento en esa nueva sonrisa. Tomó tiempo, pero llegó el día en el que el enojo fue reemplazado por el agradecimiento. Y esta vez fue eterno.</p>
</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[De todos modos, me iré de aquí al terminar la canción]]></title><description><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Una canción más y me iré. Esta vez lo prometo. Esta vez no cometeré los mismos errores que he cometido en el pasado.</p>
<p>Puedes intentar con besos y con abrazos. De todos modos, me iré de aquí al terminar la canción. Y no tiene nada que ver contigo. Y no</p></div>]]></description><link>https://eduespinosa.com/de-todos-modos-me-ire-de-aqui-al-terminar-la-cancion/</link><guid isPermaLink="false">5c9d9862ed443b071ee0c0cc</guid><dc:creator><![CDATA[Luis Espinosa]]></dc:creator><pubDate>Fri, 29 Mar 2019 04:51:21 GMT</pubDate><content:encoded><![CDATA[<div class="kg-card-markdown"><p>Una canción más y me iré. Esta vez lo prometo. Esta vez no cometeré los mismos errores que he cometido en el pasado.</p>
<p>Puedes intentar con besos y con abrazos. De todos modos, me iré de aquí al terminar la canción. Y no tiene nada que ver contigo. Y no utilizaré la razón cliché que he usado en otros momentos de mi vida. En este caso, si es por ti, no por mí. Si me quedo contigo por una canción más no puedo prometer no lastimarte. No mereces eso. No mereces tener a tu lado a alguien que es consciente del daño que te puede hacer. No te mereces la ilusión de que esto terminará bien, cuando sé bien que no lo hará.</p>
<p>Puedes intentar con promesas y con regalos. De todos modos, me iré de aquí al terminar la canción. Y seré honesto aquí aunque me sea difícil serlo en persona. No solamente lo hago para protegerte, también lo hago para protegerme. He sido lastimado tantas veces que una parte de mí cree que todas las historias terminarán terriblemente. Si me quedo contigo por una canción más, una parte de mí se convencerá de que no es así. Se ilusionará y comenzará a creer que por primera vez, ninguno de los dos involucrados terminará lastimado.</p>
<p>Puedes intentar con cumplidos y gentilezas. De todos modos, me iré de aquí al terminar la canción. Me iré antes de que esto decaiga en lo que siempre decae, una relación de verdades no contadas, sentimientos inventados y mentiras relatadas. Si me quedo contigo por una canción más, no podremos evitar caer en lo mismo de siempre. No podremos evitar compartir sentimientos e ilusiones. No podremos evitar caer. No podremos evitar lastimarnos.</p>
<p>Puedes intentar con cariño y amor. De todos modos, me iré de aquí al terminar la canción. Me iré para no retrasar lo inevitable. Me iré para no arruinar nuestra amistad. Me iré para darnos la oportunidad de encontrar a alguien con quien si estemos dispuestos a arriesgar todo de nosotros. Me iré para que un día recordemos este encuentro con cariño y no con coraje. Si me quedo contigo por una canción más, no podré vivir con el hecho de saber que te quité la oportunidad de realmente ser feliz con alguien. Si me quedo contigo por una canción más, no podré vivir con la espinita de no saber si el amor de mi vida está en el otro lado del mundo.</p>
<p>Una canción más y me iré. Esta vez lo prometo. Si me quedo contigo una canción más... No prometo dejarte ir. Una canción más y me iré.</p>
</div>]]></content:encoded></item></channel></rss>