El peso de un dinosaurio: depresión, éxito y búsqueda de sentido
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”
- Augusto Monterroso
La brevedad de este microcuento de Monterroso captura perfectamente el peso de la tristeza que vive en mi mente. No importa cuánto tiempo pase ni cómo cambien las circunstancias; siempre hay una sombra, una bestia que puede despertar en cualquier momento y devorarme desde dentro. Ese dinosaurio, es el recordatorio constante de una tristeza que nunca desaparece del todo. Una presencia tan intimidante como devastadora, que me hace enfrentar la posibilidad de que quizá esta lucha me acompañe por el resto de mi vida.
Aun así, no tengo otra opción más que pelear. Luchar por mi alma, por mi mente, por mi ser. Porque, aunque el dinosaurio siga ahí, creo que existe valor en resistir y buscar la paz, incluso si parece inalcanzable.
El 24 de diciembre de 2023, después de años negándome a enfrentar mi realidad, decidí tomar antidepresivos con la esperanza de que, quizá, un día todo mejorara como por arte de magia. Al fin y al cabo, la depresión apareció de esa forma: sin previo aviso. No sé exactamente cuándo ni cómo llegó. Mi infancia fue estable, mis necesidades estuvieron cubiertas, y fui un estudiante exitoso. Mi ego me obliga a admitirlo: fui inteligente, capaz de superar obstáculos y alcanzar metas ambiciosas.
Recuerdo cómo, en primero de secundaria, después de fracasar en llegar a la Olimpiada Estatal de Matemáticas, adopté una nueva filosofía de vida: Tener sueños tan grandes como el Everest para que sin importar que tanto me alejara de ellos, siguiera viéndolos a la distancia, guiándome en mi camino. Esa mentalidad me llevó a algunos de los momentos más exitosos de mi vida: competí en una olimpiada nacional de matemáticas, brillé en debates estatales (ganando incluso el premio al mejor debatiente), obtuve becas de excelencia para preparatoria y univerdidad y, eventualmente, un trabajo en el extranjero. Pensé que había conquistado mi Everest. Pero pronto descubrí que estaba equivocado.
No puedo precisar el momento exacto en que la tristeza se instaló en mi vida. Quizá fue cuando mis logros dejaron de ser suficientes, o cuando comprendí que conquistar mi Everest no me traería la felicidad que buscaba. O tal vez fue al darme cuenta de que, pese a todo lo positivo, seguía sintiéndome inadecuado. Tal vez fue una combinación de todo eso.
El Everest que me propuse conquistar fue moldeado por las expectativas de mi infancia. Lo que realmente buscaba era escuchar a mis padres decir que estaban orgullosos de mí. Y cuando finalmente lo hicieron, descubrí algo más devastador: yo no lo estaba.
Intenté llenar ese vacío de muchas formas. Compré consolas de videojuegos, juguetes de colección, ropa cara. Probé el alcohol y la marihuana. Nada funcionó. La tristeza seguía ahí, creciendo como un dinosaurio bebé que preferí ignorar. Pero, como era de esperarse, creció hasta convertirse en una criatura imponente que devoraba cada rincón de mi paz interior.
Hoy, primero de enero de 2025, me encuentro en una situación peculiarmente triste. Mi cuenta bancaria crece tan rápido como mi sensación de vacío personal. Mi resentimiento hacia mi pasado y las decisiones que tomé me consume, recordándome que viví siguiendo un guión que otros escribieron para mí. Me convencí de que una vida productiva económicamente me haría feliz. Spoiler: no fue así.
A pesar de todo, no me rindo. No puedo. Es como si al darme cuenta de que mi Everest era una ilusión, se desplomó para abrir camino a un nuevo Everest, más intimidante, más difícil de conquistar. Este es mi Everest ahora: enfrentar la tristeza, el coraje, el resentimiento y encontrar mi propia razón para vivir. No tengo una respuesta, ni instrucciones, ni brújula para este camino.
Solo sé que hoy, al despertar a un año y una semana de haber comenzado a tomar antidepresivos, el dinosaurio de la tristeza todavía estaba allí. Y por delante de mi se encuentra el Everest más grande que he encontrado en mi vida: El Everest de encontrar mi razón de ser. El Everest de encontrar mi sentido de vida.